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AQUÍ HAY TANGO

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lunes, 8 de septiembre de 2014

lunes, 19 de diciembre de 2011

POESÍA PARA EL TANGO: BANDONEÓN MÁS QUE UN INSTRUMENTO: UNA ORQUESTA

Tangos dedicados al
BANDONEÓN
Son cosas del bandoneón

Enrique Cadícamo

Son cosas del bandoneón
que se ha puesto a rezongar,
no son mías las tristezas
de esta noche de champán...
No tengo que ocultar
ni tengo penas que desenterrar.
Si algún dolor está
flotando sin querer
sépanlo todos, compañeros, que...
son cosas del bandoneón,
que por gusto, nada más,
esta noche de verbena,
se le ha dado por llorar.

Bandoneón de triste rezongar:
tu lamento me hace mal,
bandoneón, tu funeral compás
es un réquiem compadrón...
Hay que reír...
Hay que cantar...
Mejor será mentir
nuestro penar...
Yo, como vos...
sufro también,
hermano bandoneón,
no llores más...

Muchachos, quiero brindar:
"Por la vida que se va"...
Levantemos esta copa
burbujeante de champán...
La risa lucirá
su alegre cascabel
y en nuestras bocas colgará un reír.
Y si el sollozo está
flotando sin querer,
no se preocupen compañeros, que...
Son cosas del bandoneón
que, por gusto nada más,
en la fiesta de esta noche
se le ha dado por llorar




Che papusa oí!
Enrique Cadícamo

Muñeca, muñequita que hablás con zeta
y que con gracia posta batís mishé;
que con tus aspavientos de pandereta
sos la milonguerita de más chiqué;
trajeada de bacana, bailás con corte
y por raro snobismo tomás prissé,
y que en auto camba, de sur a norte,
paseás como una dama de gran cachet.

Che papusa, oí
los acordes melodiosos que modula el bandoneón;
Che papusa, oí
los latidos angustiosos de tu pobre corazón;
Che papusa, oí
cómo surgen de este tango los pasajes de tu ayer...
Si entre el lujo del ambiente
hoy te arrastra la corriente,
mañana te quiero ver...

Milonguerita linda, papusa y breva,
con ojos picarescos de pippermint,
de parla afranchutada, pinta maleva
y boca pecadora color carmín,
engrupen tus alhajas en la milonga
con regio faroleo brillanteril
y al bailar esos tangos de meta y ponga
volvés otario al vivo y al rana gil.

Alfredo Arnold

Héctor Negro

Cuántas veces pensé en tu cuna, fuelle,
dónde te hizo el alemán Alfredo Arnold.
¿Qué viento extraño te trajo hasta este suelo?
¿Quién puso tu ancla doble A bajo este cielo?
El milagro del tango te esperaba,
como un sueño que en el fango se amasó,
y de ese barro su duende te llamaba
y te encontraste con el tango, bandoneón.

Fuelle,
que abrigaste en tus arrugas
el secreto de ese tango
que respira en tu jadeo.
Fuelle,
tu sonido fue el lenguaje
que aprendiste sin palabras.
Fue la voz del barrio aquel,
de la vieja y del dolor,
de la gente que penaba.
Fue el temblor de un beso puro,
fue el silbido sin apuro,
sigue siendo nuestra voz.

Cuántas veces canté a tu arrullo, fuelle,
y en tu son cantó la vida que se dio.
¿Cómo supiste subir del charco al cielo,
cómo llenaste de música tu vuelo?
Buenos Aires acaso te esperaba,
desde el día que algún loco la inventó,
y tu sonido era el sol que le faltaba
y tu pulmón era su entraña, bandoneón.




Y reías como loca

José Ferreyra

Yo te he visto, mujer, aquella noche,
en el turbio bodegón de la ribera,
entregarte de lleno, tal cual eras,
de penas, alegrías y dolores,
a los tristes bandoneones del suburbio
que en un tango lloraban sus amores;
yo te vi, mujer, aquella noche,
más pálida que nunca,
más triste y ojerosa,
y vi que tu vida estaba trunca
y quemabas tus alas de linda mariposa.

Y no sé, mujer, por qué,
si de coqueta o de nerviosa,
de rara o vanidosa,
reías y reías como loca.
Y sin darte cuenta tú
de que el tango en su agonía
iba llevando en su triste melodía
el alma enferma de tu vida rota.

Oh, mujer, que aquella noche,
en el turbio bodegón de la ribera
reías y reías como loca,
sin saber que tu vida estaba rota
y los tristes bandoneones del suburbio
lloraban quizá tu último tango.

A quién le puede importar?

Enrique Cadícamo

Gime, bandoneón,
grave y rezongón
en la nocturna verbena.
En mi corazón
tu gangoso son
hace más honda mi pena.
Con tu viruta sentimental
vas enredando mi viejo mal,
un viejo mal que me ha dejado
enamorado,
arrinconado,
y olvidado para siempre.
Sin una sola caricia
que mi tristeza mitigue
su risa mala me persigue
y me persigue,
mientras sigue
tu responso, ¡bandoneón!

A quién le puede importar
¡che bandoneón! que he sido bueno.
A quién le puede importar
el novelón del mal ajeno.
Si a ella que fue mi querer
no le importó mi abatimiento.
A quién le puede importar
¡che bandoneón! mi sufrimiento.

Suena menos gris
tango, para mí.
Sé que jamás la encontraré.
Te saldré a bailar
para disfrazar
el drama que llevo adentro.
En otros brazos me engañaré,
en otras bocas me aturdiré
aunque sus ojos y su risa
me persigan
y me sigan
y me digan que la quiero.
Iré a borrar el fantasma
de aquel amor siempre atento,
así termina este lamento
y el tormento de este cruento
sufrimiento...
¡Bandoneón !

Bandoneón

Celedonio Flores

Dulcemente entre sus manos
te desdobla acompasado
el bacán que te acamala
y te sabe hacer llorar,
y tu llanto es un rezongo
dormilón, amilongado,
es el alma del suburbio
que se pianta en tu teclear.
Es la pena de una mina
que dejó la vieja sola,
es la bronca de un otario
amurado con su amor,
es el llanto de una madre
con el hijo en la gayola,
la tristeza del suburbio
rebosante de dolor...

Es el sueño de una noche
que un rendido canillita
descabeza amoratado
guarecido en un portón,
es el canto con que arrulla
una buena madrecita
a una piba que no duerme,
paliducha y enfermita,
en el triste conventillo
tan mistongo y tan tristón.

Bandoneón arrabalero
Pascual Contursi

Bandoneón arrabalero
viejo fueye desinflado,
te encontré como un pebete
que la madre abandonó,
en la puerta de un convento,
sin revoque en las paredes,
a la luz de un farolito
que de noche te alumbró.

Bandoneón
porque ves que estoy triste y cantar ya no puedo,
vos sabés
que yo llevo en el alma
marcao un dolor.

Te llevé para mi pieza
te acuné en mi pecho frío...
Yo también abandonado
me encontraba en el bulín...
Has querido consolarme
con tu voz enronquecida
y tus notas doloridas
aumentó mi berretín.


Solo de bandoneón

Enrique Cadícamo

Desde una pieza fulera
de un fueye se escucha
su voz lastimera.
Sus notas, son notas
de un tema de tango.
De un tango que late
como un corazón.
El barrio duerme tranquilo
y un hombre en el fueye
traduce su pena
y se oye en la noche
tan tibia y serena
un "solo" muy triste
de su bandoneón.


Interpreto tu tristeza porque yo sufrí por una...
Al oírte me trabaja tu fraseo compadrón...
¡Scruchante de la noche...! Con un rayo de la luna
vos hacés una ganzúa y te entrás al corazón...

(cantado)
Por ella sufro
por ella bebo
todo le he dado
nada le debo.
Y hoy, bandoneón, la busco en vano
yo no sé que hacer, ¡hermano!
si matarla o perdonar.

La pena que arrastra el fueye
del fondo del alma
le sube a los ojos.
Y solo en su pieza
su lírico enojo
se funde en un tango
de gris emoción...
Y al contemplar un retrato
su cuarto bohemio
de sombras, se viste,
por eso es que suena
más hondo y más triste
el fúnebre acento
de su bandoneón

sábado, 5 de noviembre de 2011

Goyeneche A ESTUDIAR. TEXTO DE LA WEB TODOTANGO





video



Si tuviéramos que elegir un personaje síntesis de los últimos treinta años del tango, sin ninguna duda surgiría el nombre del Polaco Goyeneche. No sólo por tratarse de un cantor extraordinario, sino y fundamentalmente, por ser el arquetipo de la última camada de nuestra estirpe y bohemia porteña.
La expresividad de su fraseo, el particular modo de colocar la voz, la fuerte personalidad del que conoce la esencia misma del tango, lo distinguen de todos los otros cantores de nuestro tiempo.
El manejo de los acentos y los silencios, el arrastre de alguna palabra de la letra, o el susurro intimista de un verso, lo convierten en un vocalista irrepetible, imposible de ser confundido con otro.
Su dicción era perfecta, aún en los últimos años de su vida cuando la decadencia de su voz, lejos de mellar su popularidad lo elevó a la categoría de mito viviente.
Algunos lo describen como un "diceur", algo así como un "chansonnier" de los años treinta, pero no comparto esta opinión —generalmente expresada para empalidecer su importancia— fue un excepcional cantor, que como muchos otros grandes tuvo diferentes etapas para diferentes gustos, pero todas memorables.
El Polaco inicia su carrera como cantor de la orquesta de Raúl Kaplún en 1944, a los dieciocho años. En 1952 y en esa misma condición, continúa con Horacio Salgán, junto al cantor Angel Díaz "El Paya", quien fuera responsable de su apodo.
Pocos años más tarde, en 1956, se convierte en el cantor de la orquesta de
Aníbal Troilo, todo un reconocimiento a su incipiente carrera.
Este modo de nacer artísticamente es uno de los motivos por el cual Goyeneche entiende el tango como un músico, como un instrumento vocal tal cual lo hicieran los cantores del cuarenta, afiatando su garganta y su fraseo en total armonía con la orquesta.
Con el tiempo logra tal perfección, que se permitiría el lujo de iniciar una frase a destiempo —cadenciosamente— para luego alcanzar las últimas notas al final del compás.
Fue un cultor respetuoso del ritmo, en una época donde la mayoría de los solistas lo fusionan a las baladas, a los boleros o a sofisticadas canciones con aire de tango.
El repertorio de Goyeneche fue muy extenso y variado, los tangos bien antiguos y los más modernos desfilan desprejuiciados en su trayectoria discográfica. Grabó "
El motivo", de Juan Carlos Cobián y Pascual Contursi, y fue el primero en registrar "Balada para un loco" de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer.
Si se me permite la expresión, el Polaco se apropió de muchos tangos clásicos.
¿Y por qué digo esto? Por la sencilla razón de haber recreado innumerables tangos cuyas versiones originales tenían nombre y apellido —estaban identificadas con otros cantantes— y que a partir de su interpretación pasaron a ser emblemáticos de su repertorio.
Tales son los casos de "
La última curda" (Edmundo Rivero), "Naranjo en flor" (Floreal Ruiz), "Qué solo estoy" (Raúl Berón), "Gricel" y "Garúa" (Francisco Fiorentino), entre otros.
También fue un gran intérprete del repertorio de
Carlos Gardel. Sus versiones de "Lejana tierra mía", "Siga el corso", "Volvió una noche", "Intimas" y "Pompas" son espectaculares.
Cantó mejor que nadie los tangos "
Afiches", "Maquillaje" y "Chau no va más" de Homero Expósito y relanzó a una dimensión increíble "Naranjo en flor".
Resulta impresionante su versión de "
Malena" y conmovedor el registro del tango "Discepolín", hitos en la poesía de Homero Manzi.
En cuanto a
Enrique Santos Discépolo hizo verdaderas recreaciones de "Soy un arlequín" y "Cafetín de Buenos Aires".
La propuesta de "
María" de Cátulo Castillo sugiere una infinita dulzura, pero no podemos dejar pasar por alto que es dueño absoluto de "La última curda" donde su voz patentiza el profundo dramatismo de estos versos que expresan la etapa existencialista de Cátulo.
En cuanto a "Pompas" e "
Intimas", después de Gardel, las suyas son las mejores versiones.
Y qué decir de "
Garúa", "Gricel", "", "Cuando tallan los recuerdos", "Ya vuelvo" y tantos otros temas inolvidables.
Fue admirador y amigo entrañable de
Aníbal Troilo, como cantor de su orquesta graba 26 temas y unos años después, ya solista, se vuelven a asociar en dos larga duración, titulados "El Polaco y yo" y "¿Te acordás Polaco?".
Su carrera ascendente continúa con la dirección de los más grandes maestros de su época,
Armando Pontier, Raúl Garello, Atilio Stampone, Baffa-Berlingieri y muchos otros.
Se consagra como solista después de brillar como cantor de orquesta y, curiosamente, el fervoroso reconocimiento y la devoción del público llegaría a la madurez de su voz para no abandonarlo hasta su muerte.
Yo tuve la suerte de verlo actuar muchas veces, en distintos lugares de Buenos Aires. Pero hoy vienen a mi recuerdo, las mágicas trasnochadas de estudiante universitario, allá por el año setenta. Por primera vez escuché al Polaco cantando tangos a capella en el Bar Amazonas —ubicado en la esquina de Marcelo T. de Alvear y Talcahuano— en una de las tantas escapaditas que él hacía en los intervalos de sus actuaciones en Caño 14 —mítico escenario de la noche porteña— que quedaba a la vuelta.
Bastante tiempo después me di el gusto de conocerlo, de charlar con él e incluso, de compartir un video donde aparecemos conversando en la mesa de un café y él me tarareaba "
Mariposita".
Fue grande entre los grandes, y de la mano de Gardel y de sus hermanos
Corsini, Charlo, Fiorentino y Vargas, su voz, su garganta con arena, nos seguirá deleitando con el sabor del tango y el perfume cotidiano de las noches de Buenos Aires.

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